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Identidades asesinas

 “Cuando me preguntan qué soy <<en lo más hondo de mí mismo>>, están suponiendo que <<en el fondo>> de cada persona hay sólo una pertenencia que importe, su <<verdad profunda>> de alguna manera, su <<esencia>>, que está determinada para siempre desde el nacimiento y que no se va a modificar nunca; como si lo demás, […]
Oscar Martínez
14/08/2012

 “Cuando me preguntan qué soy <<en lo más hondo de mí mismo>>, están suponiendo que <<en el fondo>> de cada persona hay sólo una pertenencia que importe, su <<verdad profunda>> de alguna manera, su <<esencia>>, que está determinada para siempre desde el nacimiento y que no se va a modificar nunca; como si lo demás, todo lo demás –su trayectoria de hombre libre, las convicciones que ha ido adquiriendo, sus preferencias, su sensibilidad personal, sus afinidades, su vida en suma-, no contara para nada. Y cuando a nuestros contemporáneos se los incita a que <<afirmen su identidad>>, como se hace hoy tan a menudo, lo que se les está diciendo es que rescaten del fondo de sí mismos esa supuesta pertenencia fundamental, que suele ser la pertenencia a una religión, una nación, una raza o una etnia, y que la enarbolen con orgullo frente a los demás”

Identidades asesinas. -Amin Maalouf-

La identidad social y la identidad individual no son realidades separables, sino que se constituyen mutuamente; y lo hacen por medio de lo social, cultural e ideológico que es inherente al lenguaje que usamos para cualquier aspecto relacionado con el yo. Por ejemplo, sólo hace un par o tres de décadas que podemos sentirnos “estresados”, en el sentido que antes no existía ni la palabra ni el estado psicológico del estrés, pues el ritmo de vida era distinto y no se necesitaba una palabra para interpretar y legitimar los efectos específicos que esta forma de vida contemporánea produce en las personas.
En este sentido, la identidad no es algo fijo e inmutable, con propiedades que puedan trascender los contextos culturales, geográficos y temporales.
La experiencia de la identidad no está desde siempre, sino que está ligada a lo que denominamos consciencia, a la consciencia que tenemos del mundo que nos rodea y de nosotros formando parte. Se va construyendo y transformando a lo largo de toda nuestra existencia. Más concretamente, para experimentarnos como “yo” necesitamos pensar cómo nos sentimos, qué cosas nos pasan y cómo nos las explicamos, etc. En este sentido, hasta que no formulamos por medio del lenguaje a otra persona o bien dentro nuestro cómo nos sentimos en un momento determinado y porqué, no tenemos una experiencia directa de la realidad. La conciencia es una condición necesaria para conocer quién somos.

La identidad de una persona está constituida por infinidad de elementos que evidentemente no se limitan a los que figuran en los registros oficiales. La gran mayoría de la gente, desde luego, pertenece a una tradición religiosa; a una nación, y en ocasiones a dos; a un grupo étnico o lingüístico; a una familia más o menos extensa; a una profesión; a una institución; a un determinado ámbito social… Y la lista podría no tener fin. Aunque cada uno de esos elementos está presente en gran número de individuos, en mayor o menor importancia, nunca se da la misma combinación en dos personas distintas, y es justamente ahí donde reside la riqueza de cada uno, su valor personal, lo que hace que todo ser humano sea singular y potencialmente insustituible.

“Vemos en la calle a un hombre de cincuenta y tantos años. Hacia 1980, ese hombre habría proclamado con orgullo y sin reservas: ¡Soy yugoslavo!; preguntando un poco después, habría concretado que vivía en la República Federal de Bosnia−Herzegovina y que venía, por cierto, de una familia de tradición musulmana.
Si lo hubiéramos vuelto a ver doce años después, en plena guerra, habría contestado de manera espontánea y enérgica: ¡Soy musulmán!. Es posible que se hubiera dejado crecer la barba reglamentaria. Habría añadido enseguida que era bosnio, y no habría puesto buena cara si le hubiésemos recordado que no hacía mucho afirmaba orgulloso que era yugoslavo.”

Identidades asesinas. -Amin Maalouf-
Oscar Martínez

- Licenciado en Geografía.
- Máster en Globalización, Procesos Sociales y Políticas Económicas.

En este blog comparto mi visión de la Geografía desde la experiencia vivida, ya sea por mí o por otras personas, andada, soñada, escuchada, leída o cantada, pues es a través de ella que los lugares y los hechos adquieren significado.

También ayudo a mentes inquietas amantes del mundo a pensar otras realidades con sentido crítico, encontrar algunas herramientas y planes emocionantes y formar una comunidad en la que puedan participar y disfrutar de ella.

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Oscar Martínez
14/08/2012

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