
– Has tenido suerte -le dijo Kamala, al despedirse-, todas las puertas se abren a tu paso. ¿Por qué será? ¿No tendrás algún hechizo?
Siddharta replicó:
– Ayer te dije que sabía pensar, esperar y ayunar, pero en tu opinión aquello no servía para nada. Sin embargo, sirve para mucho. Te darás cuenta de que los necios samanas, en el bosque, pueden aprender infinidad de cosas buenas que vosotros ignoráis aquí. Anteayer no era más que un mendigo sucio y desgreñado; ayer le di un beso a Kamala y pronto seré un mercader y tendré dinero y todas esas cosas que a ti tanto te interesan.
– Eso es cierto -admitió la cortesana-. Pero, ¿qué habrías hecho sin mí? ¿Qué sería de ti, si no fuera por Kamala?
– Querida Kamala -repuso Siddharta irguiéndose cuan alto era-, yo di el primer paso al entrar en tu bosquecillo. Mi propósito era aprender el amor con la más hermosa de las mujeres. Y desde el momento en que tomé esta determinación, sabía que la llevaría a término. Y sabía también que tú me ayudarías; lo supe desde que me echaste tu primera mirada, a la entrada del bosquecillo.
– ¿Y si yo no hubiera querido?
– Pero lo has querido. Escucha, Kamala: si arrojas una piedra al agua, se precipitará hasta el fondo por el camino más rápido. Lo mismo le ocurre a Siddharta cuando se propone alcanzar una meta: Siddharta no hace nada, espera, medita, ayuna, pero atraviesa las cosas del mundo como la piedra el agua, sin hacer nada, sin moverse, dejándose atraer, dejándose caer. Su propia meta lo atrae, pues él no deja penetrar en su alma nada que pueda apartarlo del objetivo propuesto. Esto es lo que Siddharta aprendió de los samanas. Es lo que los necios denominan magia y atribuyen a la acción de los demonios. Mas nada es obra de los demonios, porque los demonios no existen. Cualquiera puede ejercer la magia y alcanzar sus objetivos si sabe pensar, esperar, ayunar.
Kamala lo escuchó atentamente. Amaba su voz, amaba la mirada de sus ojos.
– Tal vez sea como dices, amigo -repuso en voz baja-. Pero acaso también se deba a que Siddharta es un hombre hermoso y a que su mirada atrae a las mujeres. Tal vez la suerte le sonría por esta razón.
Siddhartha se despidió con un beso.
– Así sea, maestra mía. ¡Ojalá que mi mirada te agrade siempre, y que mi suerte provenga de ti!»
Siddhartha -Hermann Hesse-

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Hermann Hesse. Vida y obra del autor.
“La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros”.
«Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia”.
A Hermann Hesse le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 1946. Fue autodidacta y expresó en sus novelas la rebeldía contra la educación formal. Se dedicó a difundir en muchos de sus escritos el amor que sentía por la mística oriental y su interés por lo espiritual, buscando nuevos valores y puntos de referencia para reemplazar a los tradicionales.










