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Muerte temprana de los Machiguengas.

– Elaboración propia. Fantástica la visita al pueblito de Zurite, aproximadamente a una hora de la ciudad de Cusco y situado en el valle de Anta, es uno de los lugares que en 2010 quedaron afectados por las inundaciones derivadas de las fuertes lluvias y los desprendimientos en la montaña. El objetivo del proyecto, en […]
Oscar Martínez
04/03/2013

– Elaboración propia.

Fantástica la visita al pueblito de Zurite, aproximadamente a una hora de la ciudad de Cusco y situado en el valle de Anta, es uno de los lugares que en 2010 quedaron afectados por las inundaciones derivadas de las fuertes lluvias y los desprendimientos en la montaña. El objetivo del proyecto, en el Instituto de Manejo del Agua y Medio Ambiente (IMA), consiste precisamente en prevenir futuras inundaciones. Tuve además la oportunidad de conocer al alcalde en persona, hablar un rato sobre política y ordenación territorial y confirmar algunos datos necesarios.

Durante el viaje conversábamos sobre la vida en el Perú y la idiosincrasia cusqueña, y mientras valorábamos algunas de las cuestiones ambientales y humanas que se tratan en los proyectos, el que fue mi profesor del curso de SIG y ahora compañero en la institución me contaba una experiencia personal en la que había apadrinado a una muchachita de la etnia machiguenga.


Los machiguenga o matsiguenga habitan porciones de la amazonía peruana al sureste del país, entre los departamentos de Cusco y Madre de dios, en las cuencas de los ríos Urubamba, Picha, Camisea, Timpía y Manu. Hablan el idioma machiguenga, que forma parte de las lenguas de la familia arahuaca.

 


Este numeroso grupo se encuentra en un área de actividades extractivas de larga data (madera) y en otra de explotación de hidrocarburos, de más reciente aparición, por lo que se puede considerar que hay una situación de vulnerabilidad, por la siempre desigual capacidad de imponer la hegemonía entre la población local y los grandes magnates económicos sustentados por los gobiernos y sus ejércitos (estos últimos en el caso de que el control sobre la educación y la ideología no dé el efecto esperado).

 




Los Incas desarrollaron relaciones de intercambio con los machiguengas, aunque no existen indicios de que se haya producido una relación de subordinación ni de que los machiguengas hayan entregado un tributo alguna vez al Inca.

 

Los jesuitas fueron expulsados en 1789 y las misiones franciscanas al norte del Pongo de Mainique corrieron la misma suerte o terminaron desapareciendo por dificultades administrativas.

 

A fines del siglo XIX, al cobrar valor en el mercado mundial la quinina y el caucho, el interés de los andinos por la región del Urubamba aumentó considerablemente. La búsqueda de estos productos trajo como resultado una alta tasa de mortalidad entre los machiguengas debido a la cacería de esclavos, que obligó a muchos de ellos a refugiarse en zonas aisladas. Muchos machiguengas murieron, además, a causa de las epidemias de malaria y viruela que se desataron en esos años.

 

En 1900, el papado designó a los dominicos la misión de evangelización de esta región, y a finales del siglo XX el gobierno central designó a las empresas constructoras y extractoras mineras la misión de su desarrollo, otorgando concesiones para las actividades de exploración de hidrocarburos.

 

En la actualidad, es uno de los más importantes yacimientos de la Amazonía peruana para la producción de gas y condensados y una de las zonas más castigadas por la deforestación.

 

Civilizarlos-Evangelizarlos-Desarrollarlos… Como ven, siempre se ha tratado de hacerles algo.


 


Pasaron unos pocos años hasta que un día la muchacha se presentó con unas cuantas maletas y dijo:

– Me voy.


Y así, en estado de shock, mi profe trató de hacerle recapacitar, mostrarle que no le faltaría nunca de nada, que cómo se iba a ir así. Pero la decisión era firme y en ese mismo momento se marchó.

  Has de comprender que es una machiguenga, le dijo a mi compañero un amigo suyo que los conocía bien.

 

El antropólogo Alfredo Ugarte Vega Centeno, al que tuve el gusto de conocer durante las fiestas de Paucartambo, ha realizado numerosos estudios sobre las poblaciones amazónicas, cuyos resultados pueden encontrarse en varios libros que se han convertido en referencia dentro del campo de la Antropología peruana. 


Pero mi curiosidad por la sociedad Machiguenga comenzó hace algunos años a partir de la lectura de la novela de Mario Vargas Llosa “El hablador”, donde relata de manera magistral algunos de los aspectos de su cultura.
Cuenta que cuando llegaban los misioneros a la selva, organizaban importantes proyectos con escuelas de alfabetización occidental, centros médicos, luz eléctrica, etc. con los que la población podía mostrarse en un principio receptiva. Pero al cabo de un tiempo, ante la sorpresa de los curas, un día la aldea aparecía desierta. Se habían esfumado todos.

 

Los machiguengas en su estado originario son nómadas, la misma palabra machiguenga significa literalmente en la lengua indígena hombre que anda. Así, el modo de vida itinerante, con constantes cambios de hábitat en la selva de la amazonía peruana, es su razón de ser y lo que les hace pertenecer a la comunidad.

 

 

 

  Es un acto de gran estima y consideración que se haya marchado en tu delante, continuaba explicándole su amigo.

 

 

 

 


En el IMA estuve preparando la cartografía para el proyecto de recuperación de la biodiversidad aprovechable en comunidades nativas del Bajo Urubamba, donde habitan algunas de las comunidades de la etnia machiguenga, ya sedentarizadas, directamente afectadas por los costos ambientales y sociales de la minería y la extracción de gas.

 

El mapa de ubicación, con todo el departamento de Cusco como referencia, está recortado de la esquinita de un mapa más detallado de la zona donde están las comunidades. Ambos son de elaboración propia. Vemos que la provincia de La Convención es la más grande porque es donde terminan los Andes y empieza la gran extensión de selva.

 

Si el proyecto se lleva a cabo, es posible que participe en su ejecución y hagamos el trabajo de campo visitando directamente el lugar donde viven. Puede resultar emocionante el viaje de varios días en lancha a través de la selva, atravesando el Pongo de Mainique, para conocer en persona a los habitantes de las comunidades.

 

 

 

 

 

Ah! El Pongo… pongo en quechua significa puerta, el Pongo de Mainique viene a ser la puerta de entrada entre la selva alta y la baja del río Urubamba, es un cañón de 45 metros de ancho y 3 kilómetros de largo. Todos los ríos que vienen de la Cordillera de Vilcabamba se juntan ahí en un paso estrecho.

En una encuesta de 2006,el documentalista de la BBC Michael Palin y 15 de los escritores de viajes de The Observer lo nombraron “su lugar favorito en el mundo”.

 

 

 

 

A pesar de ser consideradas las aguas más bravas y peligrosas del Urubamba, muchos barcos lo cruzan en función de las condiciones de lluvia estacionales. Es atravesado por el Puente Inca, entrada secreta a la antigua Machu Picchu.

 

Se trata de un punto caliente de biodiversidad, seis kilómetros cuadrados de selva tropical en todo el cañón contienen más especies de vida que cualquier otra área de tamaño similar en la Tierra.

 

 

 

Los rápidos del Pongo de Mainique se utilizaron como lugar de rodaje de las escenas clave en la bonita película Fitzcarraldo, de Werner Herzog, en 1982.

 

 

                                                                                              Foto: Fitzcarraldo,  interpretado por el actor Klaus Kinski, inmerso en su locura de traer la ópera a la selva.

 

 

En un informe reciente se han recopilado una serie de datos entre los que destacan altísimos índices de desnutrición crónica y mortalidad infantil en las comunidades del Bajo Urubamba, o que el 32% de la población de más de cinco años no sabe leer ni escribir, así como otros indicadores igualmente preocupantes que forman parte de los denominados IDH (Índices de Desarrollo Humano, elaborados por la ONU).

 

 

Cierto es que estos indicadores son a menudo criticados por su carácter etnocéntrico, al medir cuantitativamente desde New York parámetros de vida occidentales tales como la renta per cápita, formación reglada, etc. y quizás encontremos ahí una de las claves de la problemática: una transformación de las sociedades y sus modos de vida originales que provocan desarraigo, pues no se obtiene ninguna ventaja del modo de vida occidental, sino más bien la cruz de la moneda. El desarrollo es un barco con más náufragos que navegantes, decía Eduardo Galeano.

 

Al mismo tiempo, la posibilidad de recuperar los valores tradicionales, con sus virtudes y contradicciones, se aleja cada vez más. El gancho por la vía ideológica sería obtener algunas supuestas comodidades como luz eléctrica, transportes por carretera asfaltada, bebidas envasadas o artículos de todo tipo sin la necesidad de salir al bosque a recolectarlos. Quizá sea una versión más compleja de cuando los españoles obsequiaban a los indígenas con espejos, machetes, collares y mantas, o sencillamente la evolución histórica del capitalismo.

En algunos libros de historia de educación secundaria, las sociedades como la machiguenga son clasificadas todavía bajo el término despreciativo de “sociedades primitivas”, con la única finalidad de compararlas con las cazadoras-recolectoras del paleolítico. Es necesario, pues, antes que nada, una descolonización de la mente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El chamán corría aterrorizado cuando un hombre blanco abría la boca, poniendo una carota fea endemoniada, con sus pómulos encogidos y cerrando los ojos, para estornudar. Conocía bien las historias de sus antepasados, que fueron diezmados por las epidemias de gripe, una enfermedad mortal para la que no tenían ni habían necesitado nunca defensas.

 

 

 
 

Cabe preguntarse hasta qué punto los machiguengas de las áreas no protegidas, como hombres que andan, que se guiaban por la amazonía a través de la observación del entorno natural y las decisiones del chamán después de haber tomado ayahuasca, que se alimentaban de la mayor biodiversidad del planeta y gozaban de una envidiable salud, curando sus males con el inmenso laboratorio vivo a su alcance y dejando a su paso una sabiduría milenaria transmitida de generación en generación, han muerto y son ahora otra cosa. Continuarán siendo Machiguengas, pues las culturas no son estáticas ni homogéneas (Són los ingleses de ahora como los de hace 200 años? Qué significa ser inglés? Son todos los ingleses iguales?), pero la situación de quedar absorbidos por la sociedad dominante hace prever un futuro incierto y un aumento progresivo de su vulnerabilidad.   [Enlace a “Identidades Asesinas” – Blog Geozoco]

Esto, más que nunca, no debería de ser motivo para restar legitimidad a sus reivindicaciones en materia de derechos humanos (o sencillamente de que los dejen en paz), ni confundir éstos con los denominados recursos humanos, quizás como braceros para la construcción o banalizando la cultura para ser objetos del turismo vivencial, en nombre del dios desarrollo.
 

 

 

 

Oscar Martínez

- Licenciado en Geografía.
- Máster en Globalización, Procesos Sociales y Políticas Económicas.

En este blog comparto mi visión de la Geografía desde la experiencia vivida, ya sea por mí o por otras personas, andada, soñada, escuchada, leída o cantada, pues es a través de ella que los lugares y los hechos adquieren significado.

También ayudo a mentes inquietas amantes del mundo a pensar otras realidades con sentido crítico, encontrar algunas herramientas y planes emocionantes y formar una comunidad en la que puedan participar y disfrutar de ella.

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